Una periodista americana ha elaborado su peculiar ranking de los aeropuertos menos confortables para el viajero. Y la mayor parte de ellos, están en Europa.

La periodista del The New York Times, E. Rosenthal, ha elaborado una lista con los peores aeródromos del mundo… europeo. ¿Tienen algo que decir los sufridos europeos que se ven sometidos a tediosas colas por parte de las autoridades norteamericanas que te requisan hasta la última pieza de fruta que te hayas atrevido a introducir a puertas de EEUU? Como curiosidad, reproducimos a continuación el artículo de la mencionada reportera. ”A principios de este año, después de llevar una hora sentada en un avión esperando despegar del aeropuerto de Leonardo da Vinci, a las afueras de Roma, y con un vuelo de corta distancia a mis espaldas, el piloto utilizó la megafonía del avión para pedirme perdón a mí y al resto del pasaje . “Perdón”, dijo, “todo el mundo sabe que éste es uno de los peores aeropuertos de Europa”.  En ese momento parecía difícil de rebasar: después de un vuelo de 50 minutos, esperamos una hora para bajarnos del avión y tuvimos que esperar otra hora más de pie en torno a una sucia cinta hasta que saliera el equipaje. Pero en la actualidad, la competición por el título de “peor aeropuerto” está reñida. Cada año, en los World Airport Awards (http://www.worldairportawards.com/), organizados por la empresa de estudios sobre viajes aéreos Skytrax, se dan premios a los mejores aeropuertos. Sólo unos pocos europeos entraron en la lista de los diez mejores en 2007: el de Múnich quedó en cuarta posición; el de Schiphol, en Amsterdam, en séptima; y el de Madrid-Barajas, en décima (como estaba claro, los tres mejores estaban en Asia y como tambien estaba claro, ni un solo aeropuerto de EEUU figuraba en la lista de los diez mejores). Aunque el número de pasajeros se ha disparado en la última década, los aeropuertos se han ampliado siguiendo un patrón desordenado y han hecho que los viajeros tengamos que patearnos largas distancias. Y si a esto le añadimos que el tráfico aéreo y los procedimientos de seguridad han aumentado de forma exponencial, las malas experiencias en los aeropuertos parecen superar, con creces, a las buenas. Así que hacer una lista de los peores aeropuertos puede que sea más útil que alabar a los mejores.  Con esta intención y como usuaria frecuente de vuelos en Europa, llevé a cabo una encuesta entre mis compañeros de batallas aéreas estos últimos meses –en aviones, en las colas para el control de seguridad y en las paradas de taxis-, para elaborar un estudio sin base científica alguna sobre los peores aeropuertos de Europa. Y aunque no soy una experta en estadística, creo que es un dato significativo el que todo el mundo dé la misma respuesta para su número uno particular en la clasificación de los peores de Europa: el 100% de los entrevistados nombró el aeropuerto de Heathrow en Londres. La mayoría también se quejó de otros aeropuertos: el de Charles de Gaulle, a las afueras de París, quedó en un ajustado segundo puesto. El de Leonardo da Vinci, en Fiumicino, cerca de Roma, y el de Francfort se ganaron honrosas o mejor dicho, deshonrosas, menciones. “Heathrow es horrible. Ni te imaginas las esperas”, comenta Howard Brennan, un empresario estadounidense. “Está demasido lleno y tienes que esprintar para ir de una puerta de embarque a otra. Si vuelas en primera clase, a veces te ayudan pero aún así, sólo a veces”. En cuanto al aeródromo parisiense, otro entrevistado afirmaba que “era como estar dentro de un grabado de Escher”. Las terminales parecen idénticas y están construidas a lo ancho. Los carteles no son claros y si preguntas a alguien que trabaja en el aeropuerto dónde está tu puerta de embarque, te lo suelen decir mal. Las colas para los controles de seguridad antes de embarcar, sobre todo en las conexiones con vuelos que salgan de la UE, son infinitas, ineficientes y están muy mal organizadas. “Si no te conoces el aeropuerto, es muy difícil encontrar las cosas”, se queja Nada Kranjc de Ptuj, eslovena. “Y la gente no es muy amable”. Si se menciona el aeropuerto de Francfort a los que vuelan a menudo entre Europa y EEUU, hablan del “túnel del arcoiris”, un túnel subterráneo iluminado con luces de neón de colores. “Es de lo más cabreante”, asegura Walter Konkin, estadounidense. El Da Vinci no llegó al puesto más alto de mi encuesta, pero sospecho que se debe principalmente a que es pequeño, no tiene conexiones con muchos vuelos y la gente ya se espera que Italia sea un tanto disfuncional. “No sé”, comenta Julia Pool, abogada de Washington. “Si te toca esperar en Londres, es algo molesto, pero esperar en Roma tiene su encanto”.